domingo, 5 de julio de 2015

ARTURO CARRERA (3)


En Italia 




No te olvides, Fermín,
de las fogatas al lado de la laguna
aquel verano.
Ni de las luciérnagas que en la indiferencia
competían
con la variedad vanidosa
y la grandeza del fuego.



Juan Andrés encendía los resecos juncos
que crepitaban estallando
en millares de chispas que te encantaban.
Y en cada fogata de la orilla (más de seis),
alimentaba los dibujos del humo en la noche,
del resplandor en el aire rojizo
como en esa pintura de George Catlin:
“Los fuegos fatuos
en el río Uruguay”.



Pero discreta y más silenciosa,
sobre las líneas de los juncos secos alineados,
el agua con un vaivén agónico movía
las luciérnagas como pequeños “imperios”
que se extinguían y refulgían más.



Y yo haciéndome el sabihondo te dije
un haiku de Borges dice:
“bsbsbsbsbs                                       
bs bs bs bsbsbsbs                                      
bsbsbsbsbs.”



Y vos dijiste, extasiado, olvidándome
(señalando una chispita que ardía
más que intermitentemente):
“¡Ahí vive el viejo!, ¿no, pá?”



No te olvides.
Fer, no te olvido.
Aquí es de noche, en el tren,
en Italia (no sé cuál “paesino” atravesamos);
son las 2 A.M.;
me compré esta linternita de cuello
para poder leer
en los viajes.



Se llama  Neck booklite
-made in china-,
y la propaganda,
sobre un fondo azul estrellado,
dice:
“Práctica y potente,
colgada de su cuello,
orientada hacia su libro o revista,
le permite leer o trabajar
con toda quietud
sin molestar a su compañero de viaje.



“Otros usos:
en barco,
en avión...”.




Cuando la veas me la robás.


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