jueves, 23 de enero de 2014

SERGIO RAIMONDI

Es verosímil afirmar que la escritura poética de Raimondi razona (y actúa), entre otras cosas, sobre las condiciones de posibilidad de hacer literatura hoy. Lo es, sobre todo, después de haber leído versos como “Se trata de poner en tela de juicio la literatura” (Poesía Civil 2001). Subyacen en su producción cuestionamientos acerca de qué discursos se identificaron históricamente con el fenómeno “poesía” y qué limitantes se arraigaron de modo tal que fueron aceptadas como elementos fundantes de este tipo de escritura. Esta es una de las direcciones sobre las que avanza el trabajo raimondiano: dejar irreparablemente en crisis no sólo la idea de límite, sino también la naturaleza del poema y la noción de género. En lo formal -versos de arte mayor cercanos a la prosa- como en los núcleos temáticos desarrollados y la selección lexemática -Cargill, Profértil, Polisur, YPF, Solvay, gasoducto, pescadilla, diatomea, Lugol, etc.- Raimondi funda y erige un anómalo arte escriturario que podríamos llamar “poesía de frontera”: un discurso poético incisivo y corrosivo, limen del verso y de la prosa, de poesía y de ensayo, de poesía y de crítica. Su poética se consolidó un espacio propio, no sólo por la destreza técnico-arquitectónica, sino también por las agudezas auditiva y sintáctica. Este hecho confirma que hablamos de un poeta. Desde lo visual, la topografía edificada por los poemas se percibe como dilatados bloques compactos. Este diseño trabaja en dos sentidos: en el orden de la espacialidad -un trabajo de recuperación de espacio, ensanchamiento de los límites de la poesía- y en el orden del tiempo -la versificación dispuesta sobre el blanco de la hoja levanta un diseño cuyo trazado visual semeja al de la antigua poesía grecorromana: recuperación de la tradición, reelaboración y recirculación: revitalización-. Un excéntrico y alejandrino modo de hacer poesía, incluido junto a los nombres de Casas, Cucurto, Desiderio, Gambarotta, Laguna y Rubio en la reciente edición de La tendencia materialista. Antología crítica de la poesía de los 90 (2012), en la que se destina un apartado dedicado exclusivamente a sus poemas, bajo el intítulo “La percepción histórico-económica”. El hecho de que sus poemas integren una sección exclusiva es un dato significativo: se trata de un poeta difícil de clasificar, aun cuando hablemos de poesía de los ‘90.



HOSTOS, EUGENIO MARIA DE
¿Qué significa este nombre escrito en cobre
sobre la caldera de una locomotora a vapor?

Significa que para trazar una línea de acero
vibrante a más de tres mil metros de altura

apta para horadar la doble mole compacta
de los Andes y de los litigios sobre la frontera,

los estudios financieros en general inexactos,
la medición de lluvias, crecientes y nevadas

al punto de generar de improviso un derrumbe
o el análisis del tipo de trocha más adecuado,

sin contar aún a los miles de obreros de este
y de aquel lado de la cresta ancha a perforar

de acuerdo a las indicaciones de los geodestas
con el pico, la pala y la paga mala pertinentes,

no son, aunque tal vez lo parezca, suficientes
para unir dos países con un proyecto trasandino:

también hace falta la idea y el impulso moral
propia y exactamente férreo que la sostiene

contra todo tipo de inclemencia meteorológica
o de consideración política estrecha e irracional

capaz de responsabilizar a un salto tectónico
de lo que le cabe al pensamiento federativo.

No son durmientes por tanto lo que necesitan
hoy estos rieles interrumpidos sin sustentación.



Los poemas pertenecen al libro inédito Para un diccionario crítico de la lengua





Sergio Raimondi (Bahía Blanca, 1968) Poeta, ensayista y docente. Publicó Poesía Civil (VOX, 2001; 17grises, 2010 [2da ed. revisada y corregida]), editado en versión bilingüe en Berlín en 2005. Formó parte del grupo Poetas Mateístas, tradujo a Catulo (Catulito, Vox, 1999) y fragmentos de Paterson de W.C. Williams. Ha escrito sobre Sarmiento, Alberdi, Martínez Estrada, Urondo, Oliva y Gambarotta entre otros. En 2007 recibió la beca Guggenheim por su proyecto Para un diccionario crítico de la lengua, del que acaba de aparecer un adelanto en Alemania (Berenberg, 2012). Es profesor de Literatura Contemporánea en la Universidad Nacional del Sur. Dirigió el Museo del Puerto de Ingeniero White entre 2003 y 2011. En 2012 fue nombrado director del Instituto Cultural de Bahía Blanca.

martes, 14 de enero de 2014

CIRCE MAIA








Se llama Naturaleza muerta
y es su último cuadro.
Sobre fondo muy negro se recortan objetos.

No nos dejó palabras
sino estas formas, redondeadas y nítidas
como si hubiera dicho, sin decirlo:
Aquí está el mundo - o más bien las cosas
del mundo, a la vez familiares y extrañas.

Sobre la mesa hay también objetos
indescifrables, pero los colores
las líneas curvas los rodean
y los protegen,

Ellos se ofrecen
a la mirada y a la vez se esconden.
Luminosos y oscuros
callan.









Circe Maia, (Montevideo, 1932), poeta uruguaya. Estudió Filosofía y Ciencias Sociales, dicta cursos de Filosofía y colabora en la difusión de la cultura griega mediante un centro ad hoc.

Algunos de sus poemas han sido musicalizados por Daniel Viglietti, Jorge Lazaroff, Numa Moraes, entre otros, mientras que otros se han editado recitados por ella misma.




Obras


Plumitas, 1944.

En el tiempo, 1958.

Presencia diaria, 1964.

El Puente, 1970.

Cambio, permanencias, 1978.

Dos voces, 1981.

Destrucciones, (poesía en prosa) 1986.

Un viaje a Salto, 1987 (prosa)

Superficies, 1990.

Círculo de luz, círculo de sombra,1996

De lo visible, 1998

Breve sol, 2001

Obra poética, 2007 (el conjunto de su obra poética)




Discografía


Circe Maia por ella misma

Imagen final y otros textos (Ayuí / Tacuabé a/e164k. 1996)

Imagen final y otros textos (reedición. Ayuí / Tacuabé ae164cd. 2008)





miércoles, 8 de enero de 2014

Aníbal Cristobo (2)

EL JEFE DE OPERACIONES DEL CÁUCASO

I
"Soy despiadado" les dijo a las bolsas de harina del galpón
antes de que el Schnauzer le atravesara la mejilla
con los dientes: lo arreó la abuela
entre dos hileras de abetos que con los años se convertirían
en su cordón de seguridad, con raíces que luego serían
la confianza en sus intérpretes armenios, bajo nubes
que nunca dejarían de ser nubes, hasta la casa
del profesor de canto. Había polillas, ramos de
coliflor, trampas para nutrias y un par de remos despintados en la
cocina, como un cuento de ogros
arruinado por el azar entrópico.
"Allí entendí que curarse sólo es estar listo
para la venganza". Le pusieron laurel
para cicatrizar mientras Tarek se cebaba con las
espinillas, escupiendo maldiciones aún no conocidas. Aquí se ve
la marca, a mitad de camino
entre la muela del juicio y el incisivo superior derecho.



II
Una temporada de superproducción de
naranjas lo alejó del Gran Teatro del
Cáucaso. Le indignaba el atraso
de la región en materia de tranvías: por él,
se hubiera abierto la camisa a pesar del asma, y le hubiera sonreído
a la posteridad como una estatua
móvil, repartiendo los panfletos de la huelga
portuaria. Satisfecho, se veía crecer en la sagacidad
con que lo estafaban, entre palmadas cómplices,
los del sindicato.





III
Entró en Georgia como un precio conveniente
para viudas. Había que restablecer los trazados
sin dinamitarlos; y dinamitarlos
sin que cayeran los pétalos sobre el estanque: los viejos
buques florecían cargados de plasmas
donde volvía a ver a su hermano en el
despeñadero ¿Fue en un hotel vienés, o en
este laberinto entre el Negro y el Caspio, donde
asaba las cabras sobre una alfombra púrpura? Se
arengaba como un entrenador mongol
lo hubiera hecho, como se lee en sus
prospectos publicitarios.




IV
En la frontera se vició en
kéfir y frutos salvajes, se acompañó
de todas las tablas de cotización. Fue
un corazón ahumado, lleno
de barro; incluso antes de que lo recluyeran
en la isla del triunfo ya había introducido todo
lo que la revolución minimalista borraría con
la tecla de los noventa: el serif
de las carnicerías, los muebles laqueados y las montadoras
de souvenirs. "Un buen trato nunca está totalmente
cerrado", dijo, mientras las fracturas
se multiplicaban en sus territorios. Días más tarde
hubiera querido agregar algo, encerrado en el vagón
frigorífico. En cambio, contó lentamente
hasta uno, ayudado por los botones
del abrigo. Hubo esa luz espesa, ahogándose detrás del matorral. Fue lo
último, antes de que se hiciera de noche.-